Estimados lectores, colegas, curiosos y víctimas de nuestras decisiones (y ¿demoras?) editoriales:
Contra todo pronóstico, Marabunta vive para ver la luz una vez más, asomándose desde un hoyito en nuestro vetusto hormiguero. Llega, finalmente, nuestro número 26 y, sin embargo, como la vida no se detiene y somos hormigas algo viejas con trabajo asalariado, sin prestaciones laborales, hemos decidido bajar un poco la velocidad: nuestras convocatorias serán semestrales, para poder cumplir con la lectura y atención que se merece cada una de las autoras y los autores que nos confían su obra.
En estos tiempos en los que todos quieren o nos exigen ser productivos, hay veces en los que la edición camina con su propio ritmo, o al menos la edición independiente hecha por oficinistas tristes. A pesar de las limitantes, Marabunta sigue y seguirá su marcha hormiga, su lento andar que, incluso, no siempre coincide con los tiempos editoriales que nos propusimos; sí, la vida y los impuestos nos alcanzan (el SAT nos está respirando en la nuca, Marce).
A pesar de que hace poco, en un evento donde nos presentamos en persona (créanlo o no) expresamos que tal vez, en estos tiempos dominados por la inmaterialidad digital, inescapable y siniestra, los espacios digitales como Marabunta no sean por sí mismos suficientes para seguir resistiendo y abriendo la puerta hacia una digitalidad comunitaria, basada en la creatividad y el afecto, en vez de limitarnos a ver nuestras propias vidas pasar mientras scrolleamos los mismos tres sitios en busca de dopamina barata, subsumidos en el conglomerado MetaBezosMuskiano que se traga el mundo, sí creemos que la lucha que hace Marabunta por sobrevivir contra todo vale la pena, así como vale la pena cualquier gesto y acto creativo genuino en este mundo de basura.
Y no por nosotros, sino por ustedes, que colaboran y leen este sitio sin conocernos a nosotros ni conocerse entre sí, y quienes se permiten sentir algo a través del torrente de prosas y versos caóticos, posmemistas, contestatarios, a veces trágicos, sangrientos o purulentos, en otras mágicos y luminosos; humanos al fin, que nos esforzamos con traerles número con número.
Como ya es costumbre, después de varios números dedicados a temas más o menos concretos, decidimos liberar a nuestros colaboradores del yugo temático. “Tema libre”, dijimos ingenuamente, con la seguridad de alguien que abre las compuertas de una presa sin primero fijarse cuánta agua hay. Lo curioso del tema libre es que revela las obsesiones de cada autor, guiando sus manos a aquello que más le perturba, seduce, consuela… o a algún viejo texto inédito que ya les rechazaron en otros lados pero a lo mejor aquí sí pega.
Así, en este número de Tema Libre nos acompañan plumas de varios rincones de México, Argentina y Chile, cuyas autoras y autores revisitan diversos géneros que van desde la ciencia ficción y la fantasía hasta la ecoescritura, el análisis político o un realismo mucho más irónico o al que ya saben que nos gusta llamar posmemismo supramágico aunque ya nadie entienda el chiste (quizá eso es lo más posmemista de todo); por algo la libertad temática puede ser contagiosa. El Consejo Intergaláctico Marabuntiano no se hará responsable si, al concluir este número, sientes una irresistible tentación de escribir sobre aquello que de verdad te importa en vez de aquello que crees, o te han dicho, que “debes” escribir.
A lo largo de las próximas semanas, como es costumbre, iremos publicando las obras que nos fueron confiadas y —con suerte— creando nuevas redes y sensaciones en este viejo hormiguero que por fin acepta que ahora debe llevar un ritmo más lento, como un anciano, pero un anciano igual de verguero, malhablado, erudito y creativo que siempre.
Bienvenidxs a la Marabunta.
