por Carmen Macedo —¿Para dónde vas, mi chavo? ÉL respondió que quería llegar con urgencia a la estación del metro más cercana, daba igual si era Toreo o Rosario. —Pero ¿hasta dónde vas?, porque a estas horas ya no andamos los colectivos. Luego de las diez, los llevamos a encerrar al cerro, pero para allá, …

  Bienvenida   En el riñón más negro de la ciudad bebo una cerveza y escucho a Mingus. En esta orilla del mundo  todo parece perdido en la ternura.    Escucha la música, cómo salta,   lamiendo la piel de las jóvenes negras. En el riñón más negro de la noche hay alegres motivos para vivir, alegres …

por Lucila Gamboa Los incrédulos decían que se trataba de un perro grande o de un oso. Eso tranquilizaba a los simples como usted, que intentan matar la verdad con un poco de lógica. Los demás, los sensatos, sabíamos que la explicación del perro o del oso servía para los tambos de basura volcados y …

por Maura Fuentes Las pesadillas iniciaron poco después de haber conocido a Sandra. De no haber estado tan enamorado, probable y prudentemente hubiera hecho de todo para alejarse de ella. La primera vez que la vio fue en el consultorio de su papá. Alta y delgada, pero voluptuosa en los lugares indicados, entró y se …

por José David Castilla Parra Para pasar décimo grado me tocó comerme a la profesora de música. Su voz chirriaba, se vestía mal y su cuerpo me era tan distante como su forma de ser. Nunca nos cruzamos palabra hasta el día en que estuvimos los dos encerrados en el salón de música y descubrí …

por Angélica Disa Desgarradura Y es cierto.Algo se desgarró aquella tarde,como una rasgadura transgresorasobre una tela suaveque suspira al romperse;como esas en la piel, casi imperceptibles–a veces sorpresivas–que empiezan a arder hondo y de repente,así nos ardió después, al separarnos,en una piel mutua pero irreconciliable. Fuimos las dos, pienso,en mutuo acuerdo, cómplices,porque lo hicimos con …

por Sobralia Sangrante Julieta, Sandra y la Diabla Amo amarte. Amo amar a esas versiones de ti que se quedan atrapadas en mis historias. Te amo a través de ellas. Amo sus cabellos, iguales a los tuyos.Sus orejas, pequeñas como las tuyas.Sus cuerpos, delgados y pequeños como el tuyo. Las amo, te amo. “Tomó las …

por Iván R. Meza Oscar metió la cosa a la que llamaban casete en la máquina. Nos quedamos expectantes mientras Luis se mantenía junto a la puerta con la mano izquierda sujetando el pomo. No se le podía echar llave, por lo que se tenía que mantener ahí cuidando de que nadie entrara. Alguien como …

por Guillermo Muñoz Hernández   Esa tarde no quería llegar a mi casa, todo estaba solitario y frío, aunque deje prendida la tele la soledad no abandona mi casa, la botella de Jack me espera sola en medio de la mesa del comedor y la maldita computadora, pálida hija de puta, me recuerda que debo …

por J. M. Vacah   Los Hutt son tacaños hasta en el orgasmo. Tan jodidamente marros, ocultan su placer con una grave codicia: enfurecen, babean como perros rabiosos, un instinto de venganza los incita al asesinato.   Poseen dos órganos sexuales: su cerebro y su ano. El primero es bastante activo y el segundo es …