
After office
por Óscar Schinca El árbitro pitó sus chirridos largos y quienes aún corrían dejaron de correr. Lentos, todos comenzaron a avanzar como si llevaran rumbo, como si supieran a dónde ir una vez que aquello terminara. Después de despertar de la modorra del final de juego, los hombres se aglutinaron, dos colores de camisetas comenzaron …