Comentario editorial [Año 7, No. 19, Literatura LGBTIQ+]



En el mundo del smartwatch, de las Alexas y de los supuestos autos con piloto automático, a veces es fácil olvidar que en realidad seguimos siendo ―en general― un hatajo de cavernícolas, sobre todo en lo que se refiere a tratarnos bien unos a otros. Esto quedó demostrado por enésima vez la semana pasada, cuando medio México se arremolinó para despotricar, hacer burla o utilizar políticamente un momento difícil y privado en la vida de unx persona no-binaria. No cabe duda que, a pesar de todas las poses de inclusividad del capitalismo buenaondita (¿alguien probó las Oreo de arcoíris?) y nuestras propias actitudes de “Noo, si yo no no odio a nadie, hasta tengo un amigo gay”, cuando se trata de las identidades LGBTIQ+ seguimos operando en el territorio del miedo y de la tolerancia más que en el de la verdadera apertura al Otro.

Es en ese espíritu de crecimiento que la Marabunta ha dedidido dedicar éste, su número decimonoveno, a compartir las historias y los puntos de vista de la comunidad LGBTIQ+ sin el afán fetichista ni mercantil con el que tantos otros medios se acercan al tema hoy en día. No queremos que nos aplaudan ni que nos den puntos por ser inclusivos, como si fuera un gran mérito mostrar el mínimo interés por los demás. Nuestra única meta es abrir un espacio concreto para reunir una colección de voces valiosas, un crisol de textos que se destacan por mostrar que ―más allá de cualquier etiqueta― cada persona LGBTIQ+ lleva una vida compleja, llena de humor, de enojo, de inseguridad, de desamor y hasta de gente extraña que les quiere hacer brujería con un muñeco vudú.

Todo lo cual, por supuesto, se traduce en muy buena literatura.

Cuando las tías en las cenas familiares le preguntan a uno para qué sirve estudiar Letras, una de las respuestas populares suele ser que la literatura “permite conocer otras ideas”, o algo por el estilo. En la Marabunta creemos que esto es un lugar común en gran parte porque es verdad, pero la literatura no puede hacer todo el trabajo.

También recae en nosotros la responsabilidad de alzar la mirada y encontrar que allá enfrente ―por más que la polarización posmoderna y los viejos miedos quieran engañarnos― no hay un monstruo ni un fenómeno de estudio, sino alguien igual que tú, pero diferente. Alguien que no tiene porque tener vergüenza ni pedirte permiso para hacer su vida. Alguien que quizá quiera chelear contigo y contarte una historia. O no. Pero en todo caso alguien cuyo punto de vista merece respeto.

No parece tan difícil, ¿verdad?

En todo caso, algo que la literatura sí sabe hacer muy bien es dejar testimonio, hacer resistencia ante cualquier fuerza social o existencial que pretendiera borrarte. Decir: Aquí estoy o Existo. Esto, creemos, es algo que este número de Marabunta va a lograr perfectamente. Desde cada tono del arcoíris, los textos que hemos seleccionado representan una liberación, una apertura a encuentros nuevos y un final al velo de vergüenza que sigue ocultando tanto de las identidades LGBTIQ+ hasta el día de hoy.

En resumen, ante una sociedad empecinada en apagar su luz y hacerlos sentir enfermos, estas voces sonríen socarronamente y responden…

¡y no es gripe, gordito!

¿Qué podría ser más marabuntiano que eso? Nada. Nada es más marabuntiano que evocar las primeras temporadas de Los Simpson.

¡Bienvenidos a nuestro coloridísimo número decimonoveno! Les va a gustar, guapxs 😘

Portada con arte de mr. poper. Sigue su Instagram.

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