Flores marchitas
Por Yuly Ayala Hacía tiempo que ella no se sentía así. Se miró en el espejo y se peinó los cabellos platinados, como el metal bajo el sol. Vio su reflejo, desnuda, y se sintió a gusto con lo que observaba: la infinidad. Él se asomó a la puerta como de costumbre, lo único …
El colibrí
Si detenemos las alas de un colibrí, muere. Nunca está quieto. Para dormir, entra en una falsa muerte. Su necedad por moverse de un lado a otro es una trampa mortal. Nada más triste, porque uno quisiera acercarse lo suficiente a esos pequeños juguetes para observarlos con detenimiento, acariciarles las plumas o medirles el pico …