Mímesis: ficcionando la realidad


por Ethel Betsaida Ramos Torres


Cuestionar la vigencia de las prácticas humanas, que por su permanencia pueden ser consideradas canónicas, pareciera ser una característica del mundo contemporáneo, donde lo único constante es el cambio. Sin embargo, la transformación del significado de estas prácticas no es exclusiva de la actualidad, ya que ha estado presente a lo largo del tiempo.

Tal el caso de la mímesis, la cual, como recurso formal dentro de las artes, tiene una historicidad que, aunque polémica, sigue viva. Este concepto ha tenido diversas acepciones desde la Antigüedad hasta nuestros días; ello se debe a que está ligado a otro concepto más amplio y complejo, el de realidad, y éste a su vez se relaciona con el de naturaleza. Así, la imitación, reconstrucción y copia de la naturaleza han sido términos constantes a la hora de hablar de la mimesis en el arte.

El filósofo e historiador W. Tatarkiewicks, en su libro Historia de seis ideas, realizó una revisión exhaustiva sobre el devenir artístico e histórico de la mímesis dentro del mundo occidental. En ella identificó a los filósofos griegos del siglo V a.C. como los primeros en concebir la mimesis como la reproducción del mundo exterior, pues anteriormente era considerada como un acto de culto que apelaba a la realidad interior; pero es en la época clásica que el significado se polariza y adquiere nuevas y distintas connotaciones. Por ejemplo, Demócrito consideraba a la mimesis como una más de las llamadas artes utilitarias, concebida como la mera imitación de la naturaleza. Sócrates coincidía y aseveraba que la pintura y la escultura imitaban lo que la vista percibe. Platón, por su parte, la definía como la copia fidedigna del mundo exterior. Para él esto tenía una acepción negativa, pues dicha copia implicaba un engaño para el ojo y, por ende, un peligro para el conocimiento. Aristóteles, por el contrario, concebía la mímesis como el enfoque libre de la realidad, donde el artista puede representar la realidad desde una perspectiva personal.

Durante la Edad Media el significado de la mímesis regresó a sus orígenes, es decir, se vinculó con la expresión introspectiva del ser humano, adquiriendo una connotación teológica. Su función consistía en la imitación del mundo invisible, pero esta significación no tuvo grandes repercusiones. Caso contrario sucedió en el Renacimiento, donde el arte y el artista obtuvieron mayor estatus. Para los renacentistas la mímesis se convirtió en un concepto artístico básico y consideraban que entre mayor era el parecido del objeto con la obra, el artista era merecedor de más reconocimiento. Sin embargo, artistas como Alberto Durero creían que la imitación consistía en descifrar y extraer el contenido de la naturaleza para hacer del arte algo más perfecto que el objeto mismo de la naturaleza.

Para el siglo XVIII los artistas adquirieron una postura crítica ante el concepto de mímesis, y su obra fue el resultado de dicha postura. Ejemplo de ello es el pronunciamiento que Tatarkiewicz (1987) retoma del pintor Gustave Courbet, quien en 1861 escribió una declaratoria teórica en la que expresó que “la pintura es un arte concreto, puede representar sólo cosas reales, su ámbito no incluye las abstracciones” (p. 316). Sin embargo, para el siglo XX los cubistas contradecirían esta postura, y su precursor Paul Cezanne llegó a aseverar que la pintura no consistía en la imitación de la realidad, sino en la construcción de ésta, agregando a ello, por parte de los cubistas, que no se trataba de una libre construcción, sino de una reconstrucción a partir de lo ya dado en la naturaleza.

Con esta revisión, Tatarkiewicks concluye que la mímesis recobra importancia a lo largo de diversas etapas de la historia, y que lo único que cambia es la concepción y la función que se le da al término fidelidad.

Partiendo de esta idea, resulta interesante preguntarnos qué relevancia tiene hoy en día la imitación de la naturaleza dentro del arte contemporáneo, donde se nos presenta la realidad tangible en objetos del natural e imágenes producidas tecnológicamente. Es decir, ¿tiene sentido la pervivencia de la pintura figurativa y mimética hoy en día?

Con la intención de reflexionar sobre esta idea, presentaremos el trabajo de tres artistas contemporáneos nacionales con la finalidad de aproximarnos a la función que tiene la mímesis dentro de su obra pictórica.


Elizabeth de Jesús (Ciudad de México, 1978)

Para Elizabeth de Jesús la imitación es un recurso con el que apela a la facultad de la visión cognitiva, es decir, para comprender aquello que se aprende a través de la mirada. La memoria juega un papel esencial en su trabajo, pues el registro de los recuerdos de lo visto y lo aprendido es primordial en la selección de escenas y espacios que la artista lleva al lienzo.

Para que la activación de la memoria sea efectiva es necesario recurrir al reconocimiento del entorno, pues es a partir de éste que se construye un anclaje con el espacio y un recuerdo. Esta idea concuerda con lo dicho por Malcolm Andrews, quien afirma que las sensaciones que genera un paisaje pictórico se relacionan directamente con la familiarización que se tiene con la naturaleza representada, lo cual involucra un lugar y una cultura específica.

Al hablar de cultura nos referimos a costumbres y a símbolos significativos que, según el antropólogo Clifford Geertz (2003), pueden ser “cualquier cosa (…) que esté desembarazada de su mera actualidad y sea usada para imponer significación a la experiencia” (p. 52). Bajo este entendido, De Jesús recurre a la reproducción de símbolos significativos que se encuentran en el mundo exterior que percibimos como consenso, pero que a su vez van dirigidos al mundo interior de cada espectador. Para ello no requiere de un naturalismo fidedigno, sino del acto pictórico que transforma la naturaleza en texturas, formas y colores que activan el ejercicio de la memoria y construyen una identidad dada a través de nuestra relación con el espacio.

Elizabeth De Jesús, Im Bau, Óleo sobre tela, 49.5 x 44.5 cm., 2020,
Foto: www.instagram.com/elizabeth__de__jesus.artist


Hazael González (Ciudad de México, 1974)

Hazael González es un pintor que ha hecho del género del retrato su maestría. Lo que le atrae del retrato no es sólo el conocimiento de lo que ve, sino el re-conocimiento de ello. Por esa razón, la mímesis que realiza no se trata solamente de qué tan fidedigno es el parecido entre su pintura y sus modelos, sino de qué tan reconocible es lo que se ve en su obra. Dicho reconocimiento no requiere de un hiperrealismo, sino de lograr captar la esencia de lo que es representado.

Paul Ricoeur afirma que imitar es elaborar una significación que demanda la capacidad de identificar mediaciones simbólicas de las acciones u objetos imitados, estas mediaciones son las connotaciones que el modelo sustraído del mundo adquiere dentro de su contexto cultural. Para Ricoeur, quien ejerce la mímesis del mundo debe tener aptitud para reconocer dichas mediaciones.

González la tiene y construye estas mediaciones a través de los elementos que el espectador debe re-conocer frente a su pintura, pues de ello depende que se logre establecer el diálogo con la obra. Así, González nos coloca frente a situaciones cotidianas, donde las acciones de los personajes, los conozcamos o no, son reconocibles y generan una identificación con lo que se representa. De esta manera, la imitación se convierte en una mediación simbólica de su trabajo, con la que nos aproxima al contexto cultural del que sus obras surgen.

Hazael González, Situación 16, Óleo sobre tela, 145 x 100 cm., 2017, Foto: www.instagram.com/arte.hazael


Abraham Jiménez (Ciudad de México, 1977)

En el trabajo de Abraham Jiménez el pasado y el presente confluyen continuamente. El presente se percibe a través del color, los objetos y los elementos representados, y a su vez, el pasado interviene en el empleo de la luz y la composición del espacio, que en ocasiones se tratan de reminiscencias de pintores canónicos.

Para Jiménez el detalle y el realismo son parte fundamental de la obra, pero también la ficción y la teatralidad están presentes de manera constante. Estos juegos de representación del artista tienen una interacción dialéctica entre lo real y lo ficticio, que logra una integración orgánica conformada en su totalidad.

El trabajo de Jiménez guarda relación con lo que Douglas Crimp (2001) expresa de manera precisa: “Estos procesos de cita, extracto, encuadre y escenificación consecutivos (…) exigen el descubrimiento de estratos de representación. No hace falta decir que no buscamos fuentes u orígenes, sino estructuras de significación: debajo de cada imagen hay siempre otra imagen” (p. 186). Esto significa que, la relación entre la ficción y la realidad, al igual que la citación a la historia del arte, hacen del trabajo de Abraham Jiménez una mímesis articulada que no tiene como finalidad la mera imitación del mundo, sino que busca develar su estructura y hacer visibles las capas que, en distintos niveles, lo constituyen.

Abraham Jiménez, El ensueño, Óleo sobre tela, 130 x 80 cm., 2019, Foto: www.instagram.com/abrahamjimenezart/

A partir del acercamiento a la obra de estos artistas es posible vislumbrar una de las funciones que tiene la mímesis en la pintura actual, pues De Jesús, González y Jiménez, empleando de distintas maneras la figuración y el realismo, tienen en común el interés por la identificación de lo visible en relación con lo perceptible. Así, podemos concluir que, al margen del parecido fidedigno que su pintura pueda tener con los modelos que representan, el sentido de la mímesis en su trabajo radica no sólo en lo que la vista capta, sino también en lo que los demás sentidos perciben y activan como respuesta del conocimiento del mundo que cada espectador posee.


Bibliografía

Andrews, M. (1999). Landscape and Western Art, Oxford: Oxford University Press.

Crimp, D. (2001). Arte después de la modernidad. Nuevos planteamientos en torno a la representación. (ed) Brian Wallis. Madrid: Akal.

Geertz, C. (2003). La interpretación de las culturas. Barcelona: Gedisa.

Ricoeur, P. (1995). Tiempo y narración. México: Siglo XXI.

Tatarkiewicz, W. (1987). Historia de seis ideas. Arte, belleza, forma, creatividad, mímesis, experiencia estética. Madrid: Tecnos.


Ethel Betsaida Ramos Torres. Investigadora, artista visual y docente de artes. Es maestra en Historia del Arte y licenciada en Artes visuales por la UNAM. Cuenta con diversas exposiciones y ha publicado textos en Revista Código; Revista Temporales de la Universidad de Nueva York y Ediciones Manivela, entre otros medios.

Arte: Elizabeth de Jesús

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