Entrevista a dos poetas chilenos


Hace unos días, tuve la oportunidad de conversar con dos poetas chilenos que en su visita por México con motivo de la Feria Internacional del Libro en el Zócalo pasaron a Morelia a compartirnos un poco de su trabajo. Los conocí en una lectura que realizaron en un café del centro histórico de la ciudad, donde compartieron voz con poetas de distintas edades y trayectorias del estado de Michoacán. Ellos fueron Octavio Gallardo (1974, San Antonio, Valparaíso) y Emersson Pérez (1982, Santiago de Chile).

Cabe mencionar que esta entrevista se dio lugar el martes 15 de octubre, y aunque tocamos temas políticos, seguramente las preguntas y las respuestas hubieran sido otras si se hubieran llevado a cabo después de que se desatara la crisis que está viviendo hoy en día el país sudamericano. Donde ya hemos visto algunas de las imágenes más importantes de la historia contemporánea universal, las calles inundadas por un millón de personas unidas en manifestación son un gran ejemplo para todos los países.

Para poder publicar esta entrevista, me puse otra vez en contacto con los poetas para preguntarles sobre el momento que vive su país, y Octavio Gallardo me dio la respuesta que anexo al final, con la que Emersson Pérez dijo que también estaba de acuerdo y sentirse representado.

Morelia, Michoacán, a 15 de octubre de 2019

Pregunta: ¿Cómo es escribir desde Chile, un país que aún vive los escombros de la dictadura?

Octavio Gallardo: Es maravillo, es todavía maravilloso, pero cada vez más escaso, tenemos cada vez menos temas. Se ha vuelto Santiago una ciudad demasiado organizada. Chile se ha vuelto un país muy organizado. Entonces, todo lo que tenemos de escritura está dentro de nosotros y está en lo que queremos ser, pese al daño de la dictadura, que ya pasó hace buen rato… Tenía cosas buenas la dictadura, fíjate, éramos más solidarios entre nosotros. La vecina te prestaba un poquito de azúcar, etcétera, éramos mucho más solidarios. Hoy en día ya no es así, hay un nivel de independencia atroz, de individualismo. Y eso, claro, nos permite escribir con tranquilidad, pero yo creo que en el fondo debería sacarnos de quicio.

Emersson Pérez: Bueno, la dictadura, aunque pasó hace ya mucho tiempo, está presente con la constitución en primer lugar. La constitución de Chile es la misma constitución de Pinoché, de la época militar; entonces eso nos tiene atados con un montón de leyes sociales que nos tienen hasta abajo el día de hoy, bajo una, yo diría, falsa felicidad, un falso consumo. Muchos chilenos estamos endeudados hasta el día de hoy, hasta el fondo, digamos. Hay muchas tarjetas, todos quieren tener el último carro, como le dicen acá, la última zapatilla. Entonces, eso para la poesía es bueno porque hay temas, pero es malo para el sistema social. Es un tema que yo creo que nos atraviesa mucho en Chile y es algo que hay escribirlo, que contarlo.

P.: Me llama la atención que menciones que la dictadura aún está presente, pasa mucho eso con los países que tuvieron sus dictaduras más recientes, como es el caso de España, que apenas se está viendo para exhumar los restos de Franco. Con esto mismo, paso a la siguiente pregunta, ya no tanto cómo es escribir desde Chile, sino ¿qué significa ser escritor en ese país?

O. G.: Los escritores en Chile somos muy independientes. No tenemos gente que nos apoye. Son muy pocos los fondos que nos respaldan. Eso es muy bueno desde cierto punto de vista, pero es complejo para poder hacer obra, dedicarse. No sé si tiene mucho valor ser escritor hoy en Chile, menos poeta, pese a que en algún momento lo tuvo, es un país donde hay mucha poesía. Pero también creo que es culpa nuestra, tenemos que reestablecerlo. Es tarea nuestra también.

E. P: Bueno, un poco parecido a Octavio. Ser escritor en Chile… yo creo que hay una tarea fundamental del escritor: ser una voz de personas que tal vez la protesta social no puede llegar, o los cambios no se pueden lograr en el congreso o con los políticos, la poesía tiene que encargarse un poco, o la escritura en general, de describir esa desconformidad, o esa situación, digamos.

P.: ¿Cómo ven la poesía mexicana contemporánea, qué similitudes ven con la chilena?

O. G.: La poesía contemporánea mexicana yo creo que estamos de acuerdo qué nos parece, sabes que hay un término que me gusta mucho para definir la poesía contemporánea mexicana, es que es relevante. Hace cosas que nos importan, o que nos deberían de importar. Con los escritores mexicanos que hemos podido convivir hemos podido aprender que es necesario mover el piso, y que es necesario hablar de esas cosas. Yo creo que nosotros tenemos una pequeña deuda con eso, no con lo conceptual ni con lo experimental, porque en eso sí hemos avanzado mucho, pero yo creo que ya está bueno, ya.

E. P.: Bueno yo te respondo con el nombre de la chica que leyó hace un momento, Cristina Bello. Muy buena, me parece ya haberla leído en Facebook. Me parece que es muy joven. También he leído otros jóvenes, a mí me ha parecido algo muy interesante. Tienen algo que nosotros no tenemos, que hemos perdido con eso de la experimentación, con eso de tratar con la poesía norteamericana hacia adelante. Mucha Anne Carson, mucha Alt-Lit. Creo que aquí se vive algo un poco esencial todavía, me aparece increíble. Todavía soy ignorante de la poesía mexicana contemporánea, estoy empezando a llegar y me doy cuenta de que en todas las zonas es distinta.

P.: Tanto como mexicanos como chilenos compartimos como latinoamericanos una realidad muy dura, hace unos minutos leí que hubo 15 muertos en un enfrentamiento en Guerrero. ¿Creen que la poesía pueda realmente cambiar o evitar alguna de estas cosas?

O. G.: Ojalá te dijera otra cosa, pero yo creo que hemos fracasado en eso, por ahora. Precisamente porque nos hemos alejado de lo que nos debería de importar, nos hemos alejado de lo que nos está pasando, nos hemos alejado de esos tratos de violencia, nos hemos alejado y no entendemos o no sabemos cuál es la violencia que viven los Mara y cómo está El Salvador, lo que les pasa a ustedes en términos de la cotidianidad, en temas de la inseguridad y lo que nos pasa a nosotros desde el punto de vista de la opresión económica, estar sometidos a eso. Yo creo que tenemos la responsabilidad perdida todavía que podemos volver a tomar, pero por ahora yo creo que es un fracaso.

E. P.: Los chilenos tenemos un poco de tristeza en ese sentido, o poco de desidia. Yo creo que en realidad que el poeta no logra los cambios sociales, la poesía no logra los cambios sociales. La poesía tiene que acompañar los cambios sociales, estar ahí, con estos movimientos, y potenciarlos, digamos, narrarlos, describirlos y acompañarlos, pero la revolución, digamos, en todo sentido —puede haber revoluciones de distintos tipos—, la hacen las personas y los movimientos sociales cuando se reúnen, no el poeta en su individualidad. Creo que también tenemos una labor pendiente en eso, pero no creo que el poeta con sus hechos va a cambiar eso, va acompañar ciertamente, y ojalá estemos a la altura para cuando eso suceda, y ojalá que eso suceda. Entre más profundas son las crisis, más profundas pueden ser las revoluciones y los cambios, y creo que eso se está dando a nivel global un poco. Lo estamos viendo día a día en las noticias, que, bueno, hay una izquierda y una derecha que está reprimiendo en todo el mundo. En Latinoamérica viene más del bloque de derechas, pero hay represiones en todos lados, hay gente muriendo, ya sea económicamente o ya sea directamente con un balazo. Hay que estar ahí, atento a los tiempos para poder acompañar a ese grupo de personas, a veces dejar la libreta e ir a la marcha. Yo estoy seguro que ésa es la labor del poeta, describir, estar ahí para cuando eso suceda.

P: Veo que ambos son editores además de poetas, ¿hay alguna responsabilidad con eso, con editar?

O. G.: El panorama de las editoriales independientes es de los temas más interesantes que ha pasado en cultura en los últimos tiempos, por lo menos en el Cono Sur. Son cada una de ellas un gesto político. Eso es muy interesante. De hecho, ellos, los editores, y ellas, las editoras, han tomado un poco la voz que de alguna manera habían perdido los autores. Yo espero que lo recuperen los autores, y estamos en eso, pero los que están haciendo identidad y cultura finalmente con una posición son los editores y editoras.

E. P.: Claro, es difícil decirlo yo estando ahí, pero los ejemplos de mis colegas editores. Por ejemplo, nosotros estamos acá en el stand de la FIL del Zócalo con otra editorial independiente y ellos nos invitan y alguien viaja. Nos traen a acá y nos traen leyendo, etcécera. Entonces, esa difusión en Chile… hay una pequeña guerrilla que es una guerrilla más bien económica y comunicacional de equipararse con los grandes sellos trasnacionales.

Hay una crisis profunda con los sellos trasnacionales, que están absorbiendo todas las editoriales independientes de España. Ya me parece que queda un 20% de lo que había antes. Las dos grandes corporaciones, que son unos monstruos de hacer dinero, absorben. Eso va quitando una palabra que bibliotecología se llama bibliodiversidad. Cuando tú tienes un puro grupo, una pura cabeza que dirige, además dirige con números, se acaba la bibliodiversidad, y eso provoca que los autores, para querer estar ahí, para poder vender millones de libros, para poder tener una distribución internacional, se amolden también a su línea editorial, lo que es terrible.

En eso, bueno, está el ejemplo de Chile, Argentina y en varios casos donde las editoriales independientes están pegando fuerte, y los autores grandes están volviendo incluso a las editoriales independientes. Sin importar que el otro saque 2 mil o 3 mil y nosotros saquemos 300, 500, porque los tirajes en Chile son más pequeños porque somos menos, aquí hay una industria más grande porque son más, pero es un gesto político como decía Octavio.

26 de octubre de 2019

P.: ¿Qué nos puedes decir de la actual situación que se está viviendo en Chile?

O. G.: Es una oportunidad tremenda. La explosión chilena es una manifestación autoconvocada. Eso es muy relevante, porque es una reacción colectiva no guiada por figuras particulares. Esta explosión requiere acciones concretas que ajusten el modelo hacia la justicia social y la equidad. Es una oportunidad para cambiar nuestra Constitución vencida y abrir otros caminos.

Sobre todo es una crisis, no sólo social, también individual. Son responsables los gobiernos y políticos porque han gobernado para la élite, pero también somos responsables cada uno de nosotros. En Chile y América. No sólo hemos soportado la injusticia y hemos sido demasiado pacientes, sino que nos hemos comportado como capitalistas enfermos y afectados. Necesitamos otra forma de organización, tenemos que invertir la pirámide del poder. Y debemos cambiar nuestro modo de relación con nuestros entornos y la naturaleza. Miremos hacia las comunidades originarias pa ver qué tienen que decir. Dejemos de necesitar cosas y dinero para banalidades. Pensemos en la salud y la educación. Necesitamos una revolución ética que pase dentro de nosotros, porque mientras más capitalistas seamos, mientras más occidentales seamos, más fascistas somos.

Entrada previa Dios es un androide
Siguiente entrada Chile tiene una pena